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Las 5 emociones que te alejan del dinero

¿Por qué quise identificar mis emociones con respecto al dinero?

El día que decidí que era necesario mejorar mi relación con dinero noté que mi capacidad para lograrlo no dependía únicamente del “conocimiento técnico”. Tengo una formación en ciencias económicas y no siento que los números sean una limitación para mí. De todas maneras, me sentía trabada (y muchas veces lo sigo sintiendo) para ocuparme y tener más control de mi dinero. Posponía ocuparme de este tema ya sea porque sentía que no sabía por dónde empezar o empezaba y dejaba todo por la mitad por aburrimiento.

Por eso más allá de “hacer números”, me propuse indagar más profundamente mi relación con el dinero. Y, en definitiva, lo que encontré es que mis trabas provienen de mis creencias y emociones con respecto al mismo.

Para identificar mis creencias me sirvió mucho pensar acerca de mi biografía financiera. Te cuento más sobre esto aquí.

Por otro lado, las emociones que tenemos con respecto al dinero es un tema de autoconocimiento que podemos notar cada día y ante determinadas situaciones. Te cuento algunos de los casos más comunes:

CASO 1: PREOCUPACIÓN

“Me preocupa no tener control de mi dinero pero me cuesta pedir ayuda”

Una de ellas puede ser la preocupación que genera no poder controlar tus gastos, creer que tus ingresos no son suficientes y no entender cómo encontrar un sistema más ordenado para poner en orden tu economía personal. A esta situación se suma que posiblemente no querés mostrarte débil y hasta puede llegar a avergonzarte no saber cómo solucionarlo. No enfrentar esta situación, “esconder bajo la alfombra” esta preocupación, perjudica tu bienestar emocional alejándote de vivir de la manera que deseas.

CASO 2: MIEDO

“Me da miedo quedarme sin dinero”

Muchas veces nuestra necesidad de proteger el dinero está asociada a pensamientos negativos. Por ejemplo, guardamos dinero “por si nos pasa algo”, queremos estar cubiertos por si nos enfermamos o si sufrimos alguna pérdida importante, accidentes o algún tipo de desgracia. Este tipo de creencia nos genera un malestar continuo, inhabilitando la posibilidad de disfrute por miedo a “quedarnos sin nada”.

Entonces, ¿dejaremos que el miedo nos aleje de vivir la vida que deseamos? ¿qué pasaría si de ahora en más detectamos nuestros pensamientos negativos y comenzamos a reemplazarlos por pensamientos positivos? No es un cambio que podamos hacer de un día para el otro pero es un proceso que podemos iniciar y, cuanto antes, mejor.

CASO 3: LA CULPA

“Me siento culpable cuando gasto dinero”

La culpa surge ante una falta (o lo que consideramos una falta) que hemos realizado y creemos que no tendríamos que haberla realizado. La culpa puede aparecer como consecuencia de muchas situaciones y relaciones de nuestra vida. También sucede con el dinero. Específicamente, este sentimiento nos hace asociar al dinero y el comportamiento que tenemos entorno a éste como algo negativo.

Por ejemplo, suele pasarnos que luego de realizar una compra nos ponemos a pensar ¿realmente esta compra es necesaria? ¿ y si no es de la calidad que espero y dura poco? ¿tendría que haber averiguado más antes de comprarlo? Estas dudas pueden estar fundamentadas o no dependiendo del motivo y el medio por el cual realizamos la compra. De todas maneras, la cuestión radica es que este sentimiento proviene del tipo de relación que tenemos con el dinero y cuán educadas estamos para utilizarlo.

CASO 4:DESCONFIANZA

“No confío en el mundo financiero”

Por cuestiones de inseguridad y de los ciclos económicos por los que pasan los países, solemos manejarnos con mucha reserva con respecto a la administración de nuestro dinero. La cautela en este tema no está mal, sin embargo, cuando pasa a ser desconfianza combinada con desconocimiento limita nuestras posibilidades de adquirir más herramientas que nos permitan encontrar la mejor manera de administrar nuestros ingresos y ahorros.

CASO 5: LA AMBICIÓN

“El dinero nunca es suficiente”

No toda ambición es mala. La ambición “legítima” está asociada con nuestras ganas de crecer, de ser mejores, de lograr nuestras metas de vida en un marco de respeto de nuestro entorno.

Sin embargo ser “ambiciosos con el dinero”, tener más plata o bienes materiales sólo por las dudas o porque los creemos una necesidad, significa que nos guían las emociones equivocadas. Nos estamos centrando en el medio y no en el fin, esto inevitablemente nos conduce a un vacío emocional.

Por eso me gusta asociar mi “ambición” a los resultados que quiero obtener en mi vida: contar con más tiempo libre y de calidad de pasar con nuestros seres queridos;crear nuevos proyectos; viajar y poder concretar todo aquello que nos genere bienestar físico y emocional.

 

En este caso nos centramos en los casos de emociones que nos alejan de mejorar nuestra relación del dinero pero no son las únicas. Contar con dinero también nos genera emociones de abundancia que inevitablemente nos hacen sentir bien (pero este tema lo dejaremos para un próximo post)

Ejercicio

Te propongo que pienses e idealmente que tengas un diario en el que escribas ¿cuáles son tus emociones más frecuentes con respecto al dinero? ¿En qué situaciones éstas aparecen?¿De dónde crees que provienen?

“Cambia tu atención  y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar”.-Frederick Dodson

3 octubre, 2017

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